Mostrando entradas con la etiqueta grau. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta grau. Mostrar todas las entradas

lunes, 21 de septiembre de 2009

José Corts Grau

En un sentido similar a Serer, se expresaba José Corts Grau, cuando subrayaba el “sentido español de la democracia”, conectándolo con las directrices al respecto del Papa Pío XII.

La Democracia orgánica de Corts, española y católica, respondía a la “vocación de unidad frente a la dispersión, a un sentido conciliador y orgánico frente a la lucha de clases, y busca una compenetración entre la profesionalidad y la ciudadanía, cuya fórmula impecable se hallaba ya en nuestro acervo clásico: servicio. Pese a ciertos rasgos comunes con las formas consagradas del fascismo, su reciente derrota, habían mostrado los fallos en sus “bases doctrinales y en muchos de sus modos técnicos e incluso de sus modales cotidianos”. Corts apelaba a defender esta versión española de la Democracia, pero esta versión española de la democracia era ahora el objetivo del Pueblo, del Caudillo y del Movimiento Nacional. “La médula tradicionalista”, el magisterio católico y la unidad de poderes se unían para fundar este nuevo sistema representativo del Régimen: una nueva democracia alternativa a la erigida por el constitucionalismo liberal y reactivo contra el “panteísmo estatal”, que conducían “a la utopía o a la farsa del totalitarismo democrático”. “Nosotros nos resistimos a embarcarnos en una aventura demoliberal” proclamaba Corts. Para ello apelaba a las siguientes razones:

- Porque sangramos todavía de la reciente.
- Porque ello significaría un fraude histórico.
- Porque, pese a la aparente euforia de las sirenas, los grandes demócratas reconocen que el concepto y sus formas están en crisis.
- Porque pugna con nuestra dogmática y nuestra ética cristianas.

Así Corts reivindicaba “la democracia auténtica al dictado del Pontífice”, fundada en el Catolicismo,“que calibra exactamente la responsabilidad del gobierno y la dignidad del hombre”, en el Tradicionalismo, que hace contar con los antepasados y con la propia sangre, y en el Movimiento Nacional, que en su Punto VI, de pura estirpe democrática, reflejaba que "todos los españoles participarán en el Estado ["omnes partem aliquam habeant in principatu..."] a través de su función familiar, municipal o sindical".

Estos principios se materializaban en una Política social “más avanzada que la de los pueblos llamados democráticos” y en una forma consustancial, la Monarquía, que “ha sido eminentemente democrática”; en este punto hablaba “de la Monarquía tradicional, no de los engendros doctrinarios, mero remate heráldico —en frase de Mella— de las nuevas oligarquías”.