martes, 14 de mayo de 2013

¿Qué es lo justo?


Anoche dio su anunciada conferencia en el Ateneo el joven ahogado don José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, hijo del ex presidente del Consejo, señor marqués de Estella, desarrollando el tema: "¿Qué es lo justo?"

Hizo la presentación el presidente de dicho Centro, don José Lozano Serna, quien tras de referirse a la labor cultural que el Ateneo se propone desarrollar, dando cuenta de paso de los conferenciantes que tienen ofrecida su visita para fecha próxima, como Jiménez Asúa, Martí Jara, Serrano Batanero, Vallellano, Ossorio y Gallardo, Lerroux y otros, habló de los merecimientos del señor Primo de Rivera, uno de los discípulos predilectos de Sánchez Román, destacando sus méritos de luchador en el campo del Derecho, terminando con un afectuoso saludo de bienvenida y de gratitud por su atención al aceptar el ofrecimiento que se le tenía hecho para ocupar esta tribuna.

Seguidamente hizo uso de la palabra el señor Primo de Rivera, empezando con unas frases de gratitud por la atención de invitarle a dar esta conferencia, de apertura del cielo de disertaciones, y por el ambiente de cordialidad con que se le acoge, muy de estimar en momentos en que se vive en cierta agitación de espíritu.

Teme defraudar, dada la importancia del tema que ha elegido, Y comienza su disertación en una discreta peregrinación por las llanuras del Derecho, buscando la más exacta concepción de lo justo. Analiza con minuciosidad los períodos históricos fundamentales que sirven de base para estos estudios jurídicos, haciendo consideraciones muy atinadas e interesantes. Parte de que, en principio, lo justo era una consecuencia de la filosofía, pasando por sus distintos aspectos y tendencias ideológicas, hasta llegar al positivismo, y, finalmente, a las modernas concepciones de resurrección de esta idea del Derecho.

Toda su conferencia fue una verdadera lección doctrinal de principios, expuesta con perfecto dominio del tema. La filosofía de Platón, de Aristóteles, de Rousseau, de Kant; en suma, de cuantos con sus fundamentos han influido en las concepciones interpretativas del sentido más absoluto de lo justo, las influencias y manifestaciones de los pueblos, orientaciones y tendencias sociales, que han contribuido a la misma finalidad, fueron expuestas por el conferenciante, sacando conclusiones valiosas para encauzar el conocimiento de lo que es lo justo, por las normas fijadas dentro de las distintas manifestaciones del Derecho, a compás con las varias tendencias que se han ido desarrollando en el transcurso de los tiempos.

Tras estas documentadas consideraciones, quiere obtener la consecuencia de lo abstracta que es la idea de lo justo y de las dificultades que ofrece para resolver cualquier problema concreto, lo que hace sentir cierto desaliento cuando se pretende hallar el principio de derecho exacto, que responda a lo indiscutiblemente justo. Ante ello juzga preciso atemperarse a la pureza del método, sin hacer caso de otras consideraciones políticas o sociales, pensando en producir el bien, aunque no se tenga una concreción absoluta de lo justo, y, a tal fin, estima procedente aprovechar la construcción de los juristas, pensando que en esas normas está la verdad que se desea encontrar, ligando por completo todas ellas para la mayor claridad, ya que no debe olvidarse que toda construcción confusa en Derecho lleva en el fondo una injusticia.

En suma: la conferencia del señor Primo de Rivera se deslizó en un sentido de amplia orientación, y ceñido al tema en sus aspectos filosóficos, metafísicos y jurídicos, sin hacer alusión alguna a situaciones de presente de índole política o social, aun de aquellas que pudieran deducirse de la misma cuestión tratada. Fue, sencillamente, un estudio histórico de los postulados que en Derecho pueden examinarse teórica y científicamente en una crítica razonada de tan arduo problema.

La Nación, 18 de febrero de 1930.
El Defensor, de Albacete, 18 de febrero de 1930.

Con el título de "Derecho y Política" se conoce un extracto de esta conferencia. Nos referimos a la pronunciada en la inauguración del Curso del Sindicato Español Universitario, el 11 de noviembre de 1935.