sábado, 9 de marzo de 2013

Sindicato vertical.

En España, durante los primeros años del franquismo, aunque el Fuero del Trabajo de 1938 anticipó los soportes de la acción sindical, sería la Ley de Unidad Sindical de 26 de enero de 1940 la clave de la organización sindical franquista y en definitiva del sindicalismo vertical expresado en la Ley de Bases de la Organización Sindical de 6 de diciembre de 1940.

La declaración no permitió dudas, unía de forma automática y obligatoria en la única CNS (Central Nacional Sindicalista) a todos los españoles en su condición de "productores".

«...La organización sindical se constituye en un orden de sindicatos industriales, agrarios y de servicios, por ramas de actividades a escala territorial y nacional que comprende a todos los factores de la producción...»
Fuero del Trabajo, punto XIII.2.
El Sindicato vertical u OSE fue fundado en 1940, como resultado de las varias legislaciones aprobadas por el régimen, aunque no celebró su primer congreso hasta marzo de 1961.

Dirigida a acabar con la autonomía que habían mantenido hasta entonces las organizaciones católicas agrarias y promovida por el entonces Delegado Nacional de Sindicatos Gerardo Salvador Merino, un camisa vieja con pasado izquierdista que durante la Guerra Civil Española fue Jefe Provincial en La Coruña, donde se había ganado fama de obrerista. Salvador pretendía crear un potente aparato sindical autónomo y capaz de encuadrar a las masas obreras.

«...La acción de los Sindicatos en las esferas nacional, provincial y local se desarrollará en la disciplina del Movimiento y bajo las jerarquías de los Mandos sindicales correspondientes de Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S., que funcionarán, respecto de los Mandos Políticos del Partido, con la subordinación que establecen los Estatutos del mismo...»

Artículo 20.
La OSE fue el resultado de la fusión de las organizaciones obreras del falangismo, el tradicionalismo y las organizaciones patronales, con el fin de organizar a trabajadores, técnicos y a patrones dentro de una sola estructura vertical, similar al fascista para las relaciones laborales en un estado corporativo, que es en lo que terminó todo (aunque seguramente sea más correcto compararlo con el modelo corporativo de la dictadura de Miguel Primo de Rivera que con el modelo fascista), frente al ideal nacionalsindicalista de la Falange que en principio parecía quererse seguir (y que nunca se aplicó). En ella, todos los trabajadores, llamados “productores,” y sus patronos tenían el derecho de elegir sus representantes mediante elecciones.

En esta OSE los trabajadores y los patronos presuntamente estaban en pie de igualdad (una diferencia esencial con el Nacionalsindicalismo de la Falange, pues esta ideología diferenciaba claramente entre empresario y capitalista, poniendo en pie de igualdad al obrero y al empresario, sí, pero excluyendo siempre al capitalista y rechazando tajantamente el principio de armonización entre trabajo y capital, ya que proponía la propiedad sindical de las empresas). Por ello, las huelgas fueron prohibidas.

En aquel contexto, a comienzos de los años 60, el Partido Comunista de España (entonces clandestino) decidió una política de infiltración en la OSE, en teoría, para alcanzar los aumentos prácticos para las condiciones de los trabajadores. En realidad se trataba de aprovechar las estructuras del régimen para propiciar su caída. De ahí surgieron las Comisiones Obreras, en cuyo nacimiento tuvieron mucho que ver no sólo comunistas como Marcelino Camacho, sino también numerosos falangistas relevantes como Ceferino Maestú o Diego Márquez (posteriormente Jefe Nacional de Falange Española de las JONS).

La situación se mantiene hasta la ley Sindical 2/1971, de 17 de febrero, que estructura la Organización Sindical Española otorgándole naturaleza institucional y carácter representativo. La actividad sindical vuelve a depender del Ministerio de Relaciones Sindicales.

Al final de la dictadura de Franco, la OSE perdió su energía, siempre limitada y los sindicatos ilegales ganaron la fuerza (CCOO, UGT, USO, CNT, etc.). De hecho, una vez fallecido el general Franco y hasta la supresión de la OSE, la mayoría de los empresarios preferían acordar convenios y pactos de empresa con la representación de la organizaciones sindicales clandestinas que con los representantes de la OSE.


Ley de Unidad Sindical Agraria, De dos de septiembre de 1941. (GAZETA).
Ley de bases de la Organización Sindical, de 6 de diciembre de 1940 (GAZETA).
Ley de Unidad Sindical, de 26 de enero de 1940. (GAZETA).