martes, 22 de mayo de 2012

ENSIDESA

El apoyo del «plan Marshall» permitió que España -con una producción de acero mínima, de mala calidad-, a través del Instituto Nacional de Industria, promoviera una gran empresa siderúrgica y metalúrgica. El Gobierno de Franco eligió Asturias y planteó tres ubicaciones: San Esteban de Pravia, Gijón y Avilés. La primera alternativa se descartó porque los barcos de gran tonelaje tendrían dificultades operativas; la opción de Gijón se estudió a conciencia, pero El Musel no podía estar exclusivamente al servicio de la fábrica. Avilés fue la elección.


Suanzes encargó al ingeniero de minas Félix Aranguren Sabas el proyecto de construcción de ENSIDESA (Empresa Nacional Siderúrgica Sociedad Anónima) y de una fábrica de aluminio: Endasa. Aranguren escogió a cinco de sus mejores alumnos y los envío a diferentes países europeos a que conocieran de primera mano instalaciones similares. El ovetense Adolfo López Armán, enamorado de la fotografía y copista del Museo del Prado, decidió inmortalizar en instantáneas el nacimiento de la mayor empresa asturiana.

Para construir la «Fabricona» se expropiaron más de cuatro millones de metros cuadrados, un terreno que podría equivaler a 800 campos de fútbol. Para las obras se desvió el cauce natural de la ría y se construyeron los pantanos de La Granda y de Trasona para abastecer a la empresa. ENSIDESA fue, sin duda, la locomotora que arrastró Asturias en el campo de la industrialización.


Lo que parecía un caos a la hora de organizar el trabajo se convertía en un orden inexplicable. Los trabajadores se coordinaban para desarrollar unas obras de grandes dimensiones que necesitaban mucha mano de obra. La ropa de trabajo eran chaquetas de pana y alpargatas, había boinas que hacían las veces de casco de seguridad.

En la pantalla se proyectaron los elementos que conformaron el esqueleto y el armazón de la «Fabricona»: robustos cimientos, campanas, grúas... Y también las tripas: la empresa tenía en su interior un dispositivo de vías y carreteras que alcanzaba los 100 kilómetros.

El 24 de septiembre de 1957 se inaugura el primer horno alto de ENSIDESA, llamado "Carmen", en honor a la mujer de Franco (que lo inauguró). 

Al final del proceso, Avilés sufrió un gran cambio y en diez años la explosión demográfica ocasionada por la construcción de la fábrica hizo que el concejo pasara de 21.000 vecinos a 40.000 en 1961. Este incremento de población permitió desarrollar barrios periféricos de Avilés como Versalles, el barrio de la Luz, La Magdalena o Llaranes. Así mismo provocó cierto rechazo de los foráneos, pasando a denominárseles "coreanos" a todo aquel que venía a Avilés a buscarse el pan.

Visita del Generalísimo a ENSIDESA durante su inauguración.
ACCIDENTE DE ENSIDESA.

Dentro de la memoria colectiva queda el accidente ocurrido un 6 de febrero de 1971 cuando se produjo la explosión de uno de los seis acumuladores de la instalación de recalentamiento de vapor situada al pie de la planta de la acería LD-I de la entonces factoría de ENSIDESA.

Sobre las 10.25 horas de dicho día, que era sábado, y en aquellas fechas un día laborable normal, se produjeron en un par de segundos al menos tres explosiones consecutivas de una magnitud considerable. Los efectos de la onda expansiva del vapor a unos 30 bares de presión produjeron la proyección de piezas de considerables dimensiones y peso a más de un kilómetro de distancia.

Independientemente de los daños interiores, recordamos una viga doblada delante de la entrada del Colegio de Niños en la calle Monte Bobia y una enorme válvula semienterrada, como un obús sin explotar, a la altura del Nº 10 de la calle Gijón de Llaranes y que a las seis de la tarde aún conservaba una temperatura notable que había resecado el barro a su alrededor.

Desde la época de las míticas «campanas» que causaban la muerte silenciosamente no se había producido en la factoría ningún accidente de tales dimensiones y que además tuviese una proyección tan notoria y trágica en el exterior de las instalaciones.

La explosión, aparte del largo centenar de heridos, causó la muerte de ocho personas, número constatado judicialmente, aunque aún hay quien se empeña en aseverar sin ninguna prueba tangible que fueron «muchas más»; de lo que no cabe ninguna duda es que pudieron haber sido muchísimas más..

El accidente tuvo una importante repercusión y la propia revista «Ensidesa», en su número 146 del mismo mes de febrero, titulaba su editorial como «Una gran lección de solidaridad» e informaba ampliamente de lo acaecido y de todos los actos religiosos en memoria de las víctimas. La prensa, tanto la provincial como la nacional, informó detalladamente el accidente.

LA NUEVA ESPAÑA del martes 9 de febrero confirmaba el fallecimiento de la octava víctima e informaba de la visita del ministro López de Letona y de su recibimiento por las autoridades civiles y militares, así como del funeral celebrado en la iglesia de San Nicolás de Bari.

Salvo la aglomeración de preocupados familiares y amigos, así como numerosos donantes de sangre en las inmediaciones del Hospitalillo, no hubo en ningún momento descontrol de ningún tipo, realizándose las maniobras necesarias para aislar las canalizaciones de gas y la parada de producción de casi todas las instalaciones. Médicos, bomberos, la guardería jurada, seguridad y personal voluntario se hicieron cargo de la situación de forma inmediata.

Las causas parece ser que se debieron a fatiga o defecto de la chapa de algún depósito. No hubo sobre-presión y por tanto las válvulas de seguridad no tenían por qué actuar. Los daños en las instalaciones fueron reparados, si bien la planta de vapor no fue reconstruida. Las pérdidas materiales se recuperaron, para las víctimas nuestro recuerdo.

Fuente: La Nueva España. Diario independiente.