jueves, 23 de febrero de 2012

El divorcio.

Mientras vamos pensando en elecciones y otras bagatelas, continúa su obra corrosiva de los fundamentos patrios una de las más detestables leyes de las Constituyentes: la del divorcio. Todo iba encaminado en esa ley a dar facilidades; la baratura de las costas, la rapidez del procedimiento (como si no hubiera nada más urgente que disolver a las familias), la multitud de las causas que se pueden alegar y aun la introducción del divorcio sin causa, es decir, por mutuo disenso, por acuerdo amigable adoptado por los cónyuges con la frivolidad con que se decide ir a una verbena.

Todos esos alicientes han producido tal cantidad de pleitos de divorcio como para mover a espanto. Familias de vieja tradición no han reparado a veces en dar el escándalo de promover divorcios. Y otras han llegado incluso a estimular a que lo promuevan gentes de las más humildes y sanas capas populares.

Urge poner coto a esta especie de corrupción, no menos vituperable que la organizada por empresas sin conciencia para alcoholizar a los negros de Africa o a los isleños del Pacífico. Los autores de la ley del divorcio, cautos, sabían muy bien que a las instituciones profundas y fuertes, como la familia, no se las puede combatir de frente, sino que hay que ablandarlas por el halago de la sensualidad y minarlas por procedimientos insidiosos. Así, no se les hubiera ocurrido predicar de modo directo la inmoralidad familiar, pero sí se cuidaron de fomentarla solapadamente con leyes como la del divorcio.

Desde el punto de vista religioso, el divorcio, para los españoles, no existe. Ningún español casado, con sujeción al rito católico, que es el de casi todos los nacidos en nuestras tierras, se considerará desligado del vínculo porque una Audiencia dicte un fallo de divorcio. Para quienes, además, entendemos la vida como milicia y servicio, nada puede haber más repelente que una institución llamada a dar salida cobarde a lo que, como todas las cosas profundas y grandes, sólo debe desenlazarse en maravilla de gloria o en fracaso sufrido en severo silencio.

(Arriba, núm. 16, 4 de julio de 1935)

Atrás.

2 comentarios:

Trueno dijo...

Cuando hicieron esta ley sabian porque la hacian, sabian que con la llegada del impuesto capitalismo salvaje este iba a provocar el desastre social, consumo salvaje en época de bonanza, en crísis, paro bestial, endeudamiento brutal, desahucios de vivienda,hambre, miseria, embriaguez y alcoholismo, más ignorancia y analfabetismo, etc. un cúmulo de inestabilidades sociales en donde una pareja, hombre y mujer, se entiende claro, casados, con o sin hijos llegan a una situación de choques en sus relaciones de pareja, tensiones, discusiones, y al final violencia de género, con este final llega la ruptura matrimonial o de simple pareja sin casarse ni poder formar ya una familia.
El divorcio se aprobó, y bajo mi punto de vista no como decian que era lógico y normal porque sin el divorcio la democrácia, su democrácia no sería tál y quedaría coja y con falta de libertad y sin poder figuar en la constitución, la constitución de estos inventores,fueron inteligentes inventando, no cabe duda ya que les salió bordado con lo primero expuesto, hoy en día, y con la crisis que nos metieron, cosa que hay que pargarsela encima, potencian más el divorcio, en donde también hicieron crac al estado de valores familiares que existian con el franquismo, al igual que los hijos, victimas de este desorden social provocado por el sistema capitalista-democrático.
Pienso que es el sistema y no las personas lo que conduce al divorcio por la mala convivencia que crea el sistema.

Adry dijo...

No creo que haya sido hecha a sabiendas de la imposición de uno u otro sistema financiero.

Simplemente es la lógica consecuencia de una deriva incorrecta de una sociedad que cree que con ley del divorcio hay más libertad, obviando quizá que la felicidad radica con aquella persona que compartes el día a día y sufres todas las dificultades del mundo y que, aún a pesar de ello, eres capaz de superarlos, formar una familia y llegar a ser una persona realizada en el ámbito social.

Se ha llegado a un sistema, como bien dices, de NO AGUANTAR NADA, a la mínima te deshaces de todo y no ves que puede ser esa persona que dejas atrás la que haya dado hasta el último minuto de su tiempo en ayudarte.

Y poco más, no sé si estarás más o menos de acuerdo. No creo que esto sea algo provocado, simplemente es el resultado de una política donde la libertad es entendida de otra manera...