domingo, 13 de marzo de 2011

Rafael Sánchez Mazas.

PRIMEROS AÑOS.

Nacido en Madrid, en 1894, perdió a su padre poco después de nacer. En la buena sociedad de Bilbao transcurrió su infancia y adolescencia. Su madre se empeñó en facilitar a su hijo una brillante carrera literaria, y éste no la decepcionó. Se educó en los corazonistas de Miranda de Ebro y en los jesuitas de Orduña, y posteriormente cursó Derecho en la Universidad del Escorial, regen­tada por agustinos. 

FALANGISTA. 

Alistado en la Falange de José Antonio contribuyó a la creación - con Eugenio Montes, Agustín de Foxá y José María Alfaro – de la estética y el estilo poético de las prime­ras manifestaciones de Falange Española de las JONS. Carnet número 4 de la Falange , miembro de su Junta Política, laboró por el bien de la Falange. 

No obstante, Sánchez Mazas nunca fue un hombre de acción. Nunca quiso ser ni fue un político. Se destacó fundamentalmente en dar una estética, y un estilo inconfundible a la organización naciente. Escribió numerosísimos editoriales para Arriba y otras publicaciones falangistas, y fue uno de los pilares fundamentales que colaboraron en con sus artículos en Haz, la revista del SEU. Pronunció innumerables conferencias por toda España y participó en algunos mítines falangistas. 

VIDA Y MUERTE EN LA GUERRA CIVIL. 

Pero fue precisamente tras el estallido de la Guerra Civil cuando la sombra de Sánchez Mazas se pierde entre el rumor y el silencio. El rastro de Sánchez Mazas se esfuma. Preso en la cárcel modelo en Marzo de 1936 junto a sus camaradas, el nacimiento de su cuarto hijo le permite beneficiarse de un permiso carcelario de tres días. Se espe­cula con la posibilidad de que el director de la prisión le aconsejase no volver a la misma ante la gravedad política de la situación. Lo único cierto es que Sánchez Mazas aprovechó la feliz coyuntura para huir a Portugal. José Antonio, que ya se encuentra en Junio preso en la cár­cel de Alicante, y que se prepara a defender con las armas del Dere­cho la legitimidad de la existencia política de la Falange, le reclama ur­gentemente su regreso, al entender que con su fuga compromete no sólo su palabra, sino el honor de la Falange entera. Sánchez Mazas obedece, pero antes de que pueda ingresar de nuevo en la Modelo, estalla la sublevación. 

Eugenio Montes describe la peripecia de su amigo en las jorna­das inmediatas al 18 de Julio como "la aventura de las esquinas y los escondites, con los esbirros rojos siguiéndole las huellas". Finalmente es detenido. La patrulla exige su identificación. En aquél momento trágico en que el acierto de la improvisación iba a determinar la fron­tera entre la vida y la muerte, Sánchez Mazas concibe una idea de­sesperada. Exige que le pongan en contacto con el recién nombrado Ministro de la Marina y el Aire, a la sazón su buen amigo Indalecio Prieto. Este se sirve de sus influencias para salvarle providencialmen­te la vida, siendo la embajada de Chile en Madrid su próximo destino.

La creciente inseguridad en la embajada a tenor de los cada vez más frecuentes asaltos a las mismas, anima a Sánchez Mazas a idear una nueva fuga. Camuflado entre cargamentos de hortalizas, recorre junto a otros dos compañeros cientos de kilómetros de carreteras secundarias que lo sepa­ran de Barcelona. Milagrosamente de nuevo, el escritor consi­gue su propósito salvando todos los controles milicianos. Ya en la ca­pital catalana, toma contacto con la quinta columna, y los grupúscu­los falangistas clandestinos presentes en la ciudad le proponen dirigir la resistencia. Tras aparentes dudas y vacilaciones, Sánchez Mazas finalmente acepta. Pero poco tiempo después, es detenido de nuevo. 

La única realidad al cabo de todo es que Sánchez Mazas se en­cuentra en el santuario de Santa María del Collel (Gerona) dos días an­tes de que el General Yagüe tome Barcelona. Una caravana de prisioneros le ha acompañado hasta su destino. Allí pasará cinco días junto a otros dos mil presos llegados de lo que queda de la España frente populista.

La odisea del escritor en la Guerra parece llegar a un final trá­gico. Una lista de nombres es leída por un alto mando militar del san­tuario. En ella se encuentra Rafael Sánchez Mazas. Tras una noche brevísi­ma, un pelotón de cincuenta hombres se dirige a una explanada in­crustada en el bosque. Una voz militar les ordena entonces detenerse. Los milicianos disparan y fusilan a esos cincuenta hombres presos y desarmados. 

Tras una breve y decidida carrera donde los fugados se pierden de vista mutuamente sin percibirse de ello, el afortunado escritor embiste salvajemente un espeso breñal de pinos y malezas que le permite elu­dir las balas de las ametralladoras que han segado ya la vida de sus compañeros de infortunio.

Sánchez Mazas conseguirá escapar a sus perseguidores. Poco des­pués, oculto entre la vegetación exuberante de la zona, es descubierto por un miliciano. Ambos se miran a los ojos. El instante se hace eterno. El silencio se rompe cuando el miliciano se dirige a otros miembros de la patrulla: ¡por aquí no hay nadie! Gracias a la ayu­da de los "amigos del bosque" (los hermanos Figueras y Daniel Ange­lats), Rafael resistirá con vida las últimas semanas antes de la liberación definitiva de toda Cataluña. 

"Los amigos del bosque" eran combatientes "republicanos" de Cataluña que se repliegan hacia Francia acosados por las tropas nacionales. Sin embargo, no quieren marcharse de su casa, de su tierra, de la compañía de la familia... Capturan a Sánchez Mazas, que andaba perdido por el bosque, y en la convivencia alcanzan un acuerdo. Ellos le albergarán hasta que termine la Guerra, y éste a cambio se acordará de ellos cuando llegue la paz. Y así ocurrió. 

Tras la guerra civil fue efímero ministro sin cartera, procurador en Cortes. Se dedicó a la vertiente cultural, siendo académico de la Real Academia Española y presidente, desde 1950, del Patronato del Museo del Prado. Es el inventor del grito "Arriba España".

 Falleció en Madrid un 18 de octubre de 1966. 

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