lunes, 24 de mayo de 2010

La primera Víctima de ETA.


A continuación os exponemos el resumen del texto desarrollado por el diario el País sobre el asesinato de Begoña Urroz, un bebé de 22 meses.

La niña Begoña Urroz Ibarrola, con quemaduras en el 90% de su cuerpo fallecía pocas horas después de aquel atentado nunca reivindicado. Para su padre, Juan Urroz la autoría del atentado carecía de importancia, cuando fue consciente de la agonía y sufrimiento que su hija padeció en la clínica del Perpetuo Socorro, poco antes de morir.

El comunicado del ministerio que entonces dirigía el general Camilo Alonso Vega concluía diciendo que "con estos hechos se ha pretendido dar cumplimiento a las consignas terroristas que elementos extranjeros, en cooperación con separatistas y comunistas españoles, vienen propugnando insistentemente". Ésa era toda la explicación. ¿Pero quiénes eran esos misteriosos elementos extranjeros? ¿Quiénes eran esos separatistas y comunistas que estaban tras esa oleada de bombas? Las autoridades no aclararon nada ni ese día ni los siguientes...

El mortal atentado apenas tuvo repercusión social. El 1 de julio de 1960, La Voz de España publicaba una breve reseña dando cuenta del "sepelio y misa de gloria por la niña Begoña , a la que asistió el gobernador civil de Guipúzcoa, José María del Moral, para dar el pésame a la familia de la chiquilla que "falleció a consecuencia de las heridas recibidas en el criminal atentado".

ETA, que en aquellas fechas tenía sólo un año de existencia, no reivindicó entonces la cadena de explosiones y, por tanto, tampoco se atribuyó la colocación del artefacto que mató a la menor. Entonces no se sabía nada de ETA, aunque poco después empezaron a aparecer por todo Euskadi panfletos y hojas firmadas con estas siglas, según recuerda la familia Urroz Ibarrola.

Tras un intento fallido de hacer descarrilar en 1961 un tren de ex combatientes de la Guerra Civil, la incipiente organización etarra causó el 7 de junio de 1968 la primera muerte reconocida: la del guardia civil de Tráfico José Ángel Pardines en un tiroteo mantenido en Villabona (Guipúzcoa) con dos individuos que viajaban en un Seat 850 cupé y que le infundieron sospechas. El 2 de agosto de ese mismo año, los etarras cometieron su primer atentado de gran repercusión: el asesinato del comisario Melitón Manzanas, jefe de la Brigada Político-Social de Guipúzcoa, a manos de tres activistas que le esperaron frente a su domicilio en Irún, un chalet llamado Villa Arana, y le acribillaron a tiros.[...]

Hasta que en 1992, José Antonio Pagola Elorza, vicario general de la diócesis de Guipúzcoa, publicó el libro La ética para la paz. Los obispos del País Vasco 1968-1992.En este ensayo figuraba una nota a pie de página en la que se mencionaba lo siguiente: "En realidad, parece ser que la primera víctima de una acción terrorista de ETA fue la niña de 22 meses Begoña Urroz Ibarrola, muerta el 27 de junio de 1960, al hacer explosión un artefacto colocado en la estación de Amara (San Sebastián)". Fue la primera mención escrita en la que se apuntaba a ETA como responsable de aquel crimen inexplicable.

El socialista Ernest Lluch, ex ministro de Sanidad con Felipe González, leyó aquel libro de Pagola y decidió indagar más en ese confuso y olvidado atentado ocurrido en el verano de 1960. Lluch, un enamorado de Euskadi, un intelectual que defendía la necesidad de "realizar contactos" entre el Gobierno y ETA para intentar poner fin al conflicto vasco, investigó aquella pista.

Fruto de sus indagaciones, Lluch publicó en El Correo del 19 de setiembre de 2000 un artículo, titulado La primera víctima de ETA, en el que daba cuenta de sus averiguaciones donde atribuyó al Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación (organización de existencia confusa) la autoría del atentando.

La familia considera que ya es hora de que alguien, alguna autoridad, tenga un gesto hacia ellos. "No queremos dinero ni nada de eso, ¿eh? Nunca viene mal, claro, pero afortunadamente no lo necesitamos. Estamos hablando de otra cosa", remarca Jon. Incluso censuran la exhibición pública del dolor, rayano en la impudicia, con que se muestran algunos familiares de otras personas que han pasado por el mismo trance. Eso explica, por ejemplo, las reticencias de los Urroz a la hora de hablar. Pero al final han decidido romper el muro de silencio para honrar a su niña.