lunes, 15 de febrero de 2010

Introducción

"Como siempre que se fusila se derrama sangre, quisiera que se hiciera desaparecer la que yo vierta para que mi hermano no la vea". Con esta frase se dirige José Antonio Primo de Rivera al jefe de destacamento que, segundos más tarde, va a acabar con su vida. 

Después de preguntar al pelotón si son buenos tiradores, se oyen las descargas y el máximo ideólogo del Falangismo español cae tendido en el suelo de la prisión de Alicante. Le disparan 12 milicianos: seis comunistas y seis anarquistas.

Son las seis de la mañana del veinte de noviembre de 1936. Dejaba de existir uno de los líderes más carismáticos de la España de los años treinta. Desde ese momento, su figura tomaría unas dimensiones que, probablemente, José Antonio jamás imaginó para sí en vida.

Lejos de caer en el olvido, el fundador de Falange será venerado hasta límites insospechados, convirtiéndose en el mártir de la causa Nacional, al que sus seguidores rindieron culto.

Su muerte no es anunciada hasta el dieciséis de noviembre de 1938, dos años después, y algunos historiadores afirman que "parece que Franco tiene mucho que ver en esa decisión". 

La noticia llega al Cuartel Nacional al poco de producirse y dos días después los periódicos republicanos y franceses hacen eco de la fatal noticia. El Generalísimo prefiere negarse públicamente a creer que Primo de Rivera está muerto.

Se dice que el motivo es que su posición estaba aún en vías de consolidarse, pues por aquella época, Sanjurjo, el que iba a ser el General que coordinarse todo, a había fallecido en un accidente de avión (Estoril- Portugal-, 20 de julio de 1936)


Fundador de Falange y unos de los líderes más carismáticos de la España de los años treinta, de oratoria brillante y profundo catolicismo, se convierte en mártir de la causa nacional tras se fusilado en Alicante.

El jefe falangista le era más útil vivo. Franco era consciente de ello y por eso se encarga personalmente de manipular los rumores sobre la muerte que había corrido el joven fundador de Falange. De siempre la prensa republicana había sido experta en la manipulación, como por ejemplo, las distintas ediciones en las que se daba por caído el Alcázar de Toledo, por eso siempre se creyó en que la muerte del líder falangista podría ser una estratagema republicana para desalentar a las tropas Nacionales y hacer fracasar lo que ya era una Guerra Fratricida.

Por eso se inició una lanzamiento masivo de mensajes. Así en 1937 llega a decirle a su cuñado Serrano Súñer, que era, además íntimo amigo de Primo de Rivera, que probablemente habían entregado al joven a los rusos y éstos lo habían "castrado". Según otra de las versiones, no oficiales y basadas en rumores, al intentar huir de la prisión habría resultado herido.

El objetivo era engrandecer la figura del que ya era por todos conocido como [i]El ausente.[/i] Aprovechando al máximo todas las oportunidades propagandísticas que se le presentan con su muerte.

Las diferencias entre los dos hombres eran abismales, no sólo en lo personal- sus caracteres eran opuestos-, sino también en el terreno político. En los pocos encuentros que mantuvieron, la gran protagonista siempre fue la distancia que los separaba. La primera entrevista fue promovida por Serrano Súñer. Entonces, el joven falangista hizo notar su decepción. José Antonio estaba abierto a la conciliación nacional de un modo que nunca compartió Franco.

Su actitud hacia el Caudillo se revelaba siempre en sus comentarios sobre una victoria militar que temía se limitara a consolidar el pasado. Consideraba esa victoria como el triunfo de "un grupo de generales de honrada intención, pero de desoladora mediocridad política".

Y la aversión era recíproca. Serrano Suñer fue consciente de que alabar a su amigo José Antonio delante del Generalísimo garantizaba la irritación de éste, quien, en una ocasión, llegó a explotar: "¡Lo ves, siempre a vueltas con la figura de este muchacho como cosa extraordinaria!", le dijo.

Durante el tiempo que José Antonio pasa en la cárcel se producen varios intentos de liberación por parte del Caudillo. Todos ellos sin éxito. En primera instancia, se intenta sobornar a sus captores y a continuación, una vez fallado el soborno, se intenta el trueque por personalidades republicanas, entre ellas un hijo de Largo Caballero, que se niega rotundamente.

En la muerte de José Antonio influyen varios factores, y no todos están claros. Por un lado, no hay acuerdo sobre si Largo Caballero dio su consentimiento para el fusilamiento. En sus memorias, el presidente del Gobierno cuente que quienes lo retenían en Alicante decidieron su ejecución antes de que el gobierno le diese tiempo a aprobar un indulto. 

Por otro lado, Ricardo de la Cierva afirma que el Presidente "firmó el enterando necesario para su ejecución".

Para entender el pensamiento "joseantoniano" hay que remontarse a sus años de infancia, donde se forjaron muchas de sus cualidades.

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